Cada 6 de abril, el mundo conmemora el Día Internacional del Deporte, una fecha que subraya la importancia de esta actividad en la historia de la humanidad y su impacto en el desarrollo tanto individual como social. Sin embargo, en Chile, a pesar de la extensa trayectoria deportiva que se remonta al siglo XIX con la fundación de clubs, y la prominente presencia del deporte en medios de comunicación, todavía falta una verdadera consolidación de una cultura deportiva robusta. Este déficit se debe, en parte, a la falta de una definición clara y unificada sobre lo que el deporte representa para nuestra sociedad. Las preguntas fundamentales sobre el propósito del deporte siguen sin una respuesta que nos oriente hacia un entendimiento más profundo y colectivo de su valor.
Las antiguas civilizaciones, particularmente los griegos, tenían una concepción del deporte que lo integraba ampliamente en la educación y el desarrollo integral de cada persona. Para ellos, el deporte no era solo una actividad recreativa, sino que era visto como un medio esencial para cultivar tanto el cuerpo como la mente, fomentando así un equilibrio imprescindible para una vida plena. La filosofía del deporte en esa época destacaba la importancia de formar individuos con carácter y espíritu fuerte, valores que parecen haber quedado relegados en la actualidad. Esto nos lleva a reflexionar sobre el rol que debe desempeñar el deporte en nuestras vidas hoy en día.
No debemos perder de vista que el deporte podría ser mucho más que una vía hacia la excelencia, la fama o la salud física. En un mundo que a menudo pone énfasis en los resultados y la competitividad, es crucial redefinir el deporte como un vehículo para el desarrollo personal y comunitario. Su esencia radica en la construcción de lazos sociales, el fortalecimiento del carácter, y la promoción de valores como la disciplina, el respeto y la empatía. Es un derecho humano que debería estar al alcance de todos, y no solo de aquellos que aspiran a una carrera profesional en este ámbito.
En este contexto, el llamado es a defender el deporte como un bien común y esencial para la dignidad humana. La práctica deportiva debería ser accesible para todas las personas, independientemente de su nivel socioeconómico, y debería ser fomentada por el Estado y la sociedad en su conjunto. La falta de infraestructura adecuada, programas inclusivos y políticas públicas que apoyen el deporte a nivel comunitario son barreras que debemos derribar si realmente queremos afirmar que el deporte es un derecho para todos. Sin duda, se requiere un cambio cultural que promueva el valor del deporte no solo como entretenimiento, sino como una herramienta para el desarrollo integral.
Como director del Instituto del Deporte y Bienestar de la Universidad Andrés Bello, Jaime Fillol enfatiza que nuestra meta debe ser cultivar una verdadera apreciación por el deporte en nuestra cultura. Debemos ir más allá de verlo únicamente como una actividad recreativa o una forma de competir; es fundamental que comenzamos a entender el deporte como un elemento clave en la construcción de una sociedad más unida y respetuosa. El camino hacia la consolidación de una cultura deportiva en Chile es complejo, pero con una visión clara y compartida, es posible avanzar hacia una sociedad donde el deporte aporte a la dignidad y el bienestar de todos.










